¿Qué es el autismo?

El Autismo, es un trastorno del neurodesarrollo que afecta principalmente a tres áreas:

  • La Comunicación, tanto verbal como no verbal.
  • La Interacción Social.
  • Los Intereses Restringidos.

Es un trastorno vitalicio, no tiene cura, pero una intervención temprana permite que puedan lograrse avances extremadamente significativos.

El Autismo abarca un conjunto de alteraciones semejantes, pero cuya manifestación varía mucho en grado y forma de unas personas a otras. No podemos hablar de autismo como una categoría única, pues sería un término muy común para hablar de personas muy diferentes, por lo que hay que entenderlo como un continuo, de ahí viene su denominación, como Trastorno del Espectro Autista.

Algunas de las manifestaciones del TEA pueden ser: hipersensibilidad o hiposensibilidad al contacto físico o los sonidos, intereses restringidos (se interesan mucho por un tema en específico o características específicas de un juguete u objeto), comportamientos repetitivos o estereotipados (aleteo, balanceo, tics), dificultad en la interacción social o interacción social rara, prosodia (hablan con un acento distinto al natural de ellos, algunos hablan como si fuesen robots, o de otra forma que les haya impactado), juegos excesivamente estructurados y dificultad para adaptarse a los cambios, entre otra gran variedad.  Aunque nosotros seamos ajenos a estas personas, siempre es útil conocer esta información, que nos compete a todos, pues nuestro deber es ser abiertos a la diversidad y también a la neurodiversidad y entender este síndrome nos ayuda a no malinterpretar o a hacer críticas destructivas que al final, nos afectan a todos, pues todos somos distintos y nuestros cerebros también lo son.

Existen algunos síntomas típicos que pueden manifestarse entre los 18 y los 36 meses:
· Sordera aparente, no responde a las llamadas e indicaciones. Parece que oye algunas cosas y otras no.
· No persigue por la casa a los miembros de la familia ni alza los brazos cuando está en la cuna para que le cojan. Parece que nos ignora.
· Cuando se le recoge de la cuna o el parque no sonríe ni se alegra de ver al adulto.
· No señala con el dedo y mira al adulto para comprobar que éste está también mirando donde él señala.
· No señala con el dedo para compartir experiencias ni para pedir.
· Tiene dificultades con el contacto ocular, casi nunca lo hace y cuando mira hay veces que parece que “atraviese con la mirada” como si no hubiera nada delante de él.
· No mira a las personas ni lo que están haciendo.
· Cuando se cae no llora y no busca consuelo.
· Es excesivamente independiente.
· Reacciona desproporcionadamente a algunos estímulos (es muy sensible a algunos sonidos o texturas).
· No reacciona cuando se le llama por su nombre.
· Prefiere jugar solo.
· No dice adiós.
· No sabe jugar con los juguetes

A partir de los 36 meses algunas de las conductas aparte de las anteriores:
· Tiende a ignorar a los niños de su edad, no juega con ellos ni busca interacción.
· Presenta un juego repetitivo y utiliza objetos y juegos de manera inapropiada, ejemplo: gira constantemente los objetos, juega con trocitos de papel delante de los ojos, alinea objetos…
· Puede presentar movimientos esteriotipados o repetitivos como aleteo con las manos, saltitos, balanceo… camina de puntillas.
· Ausencia de lenguaje, o éste es repetitivo y sin significado aparente con tono de voz inapropiado. No dice cosas que antes decía.
· No existe imitación.
· Evita la mirada y el contacto.
· Parece cómodo cuando está solo y tiene problemas para aceptar cambios en su rutina.
· Tiene apego inusual a ciertos objetos.
· Tiene muchas rabietas.
· Está en su mundo

Es alarma absoluta (necesidad total de evaluación por un psicólogo clínico):
· No balbucea o no hace gestos de interacción con 12 meses.
· Cualquier regresión o pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad.

Sobre el abordaje de la morbilidad en el TEA.

Si hay algo que me preocupa en las personas afectadas por una deficiencia psíquica o física, es su calidad de vida. Somos humanos y si hay algo que nos caracteriza es nuestra empatía. Nuestro sistema límbico y nuestras neuronas espejo son los más desarrollados del reino animal.

Y es que la calidad de vida de una persona afecta directamente a quienes conviven con él, y nuestra idea partió del abordaje de este tema en todo su conjunto.

Los pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA) pueden presentar conductas agresivas, autolesiones o irritabilidad, pero éstos síntomas no son los síntomas nucleares del TEA, y generan alarma e importantes repercusiones funcionales, pero recalco, no son síntomas nucleares del TEA.

Estos comportamientos se atribuyen frecuentemente al propio TEA y es común que no se acompañen de intervenciones terapéuticas específicas, condicionado por la ausencia de abordajes farmacológicos eficaces para el autismo. En este contexto, es importante considerar que la aparición de cambios conductuales pueden reflejar la presencia de otro trastorno mental comórbido, cuya identificación y tratamiento precoz comportará una gran beneficio para los pacientes.

Es necesario hacer la debida repercusión sobre ello y no conformarnos ni darnos por vencidos.

Cambios en los ritmos circadianos del paciente, como el sueño, la vigilia, el apetito y cambios en el estado de ánimo y en el comportamiento pueden ser indicios de episodios maníacos o depresivos que hay que tratar convenientemente, como un trastorno diferente y teniendo en cuenta las circunstancias del paciente, que padece un Trastorno del Espectro Autista.

Los estudios realizados durante los últimos años confirman una alta tasa de comorbilidad en el TEA, que frecuentemente no se diagnostica y cuyos síntomas, también de manera frecuente, se asocian al TEA, pero volviendo a reiterarme, no son síntomas nucleares del TEA, son síntomas de otro trastorno o enfermedad y hay que tratarlos convenientemente.

La dificultad subyace en que los síntomas queden enmascarados y puedan confundirse con los propios del autismo o que éstos síntomas no se presenten bien definidos hasta periodos tardíos y dada la reducida capacidad de estos pacientes para el pensamiento abstracto, sus escasas habilidades de comunicación y de expresión de cambios en el ánimo, emociones o sentimientos, aumenta la dificultad. Por eso, bajo mi propio punto de vista, son las personas que conviven habitualmente con el paciente, las primeras que deben de alertarse ante cambios que en un principio puedan ser sutiles, pero que mantenidos en el tiempo, aumenten.

Sobre este tema, queda mucho por estudiar.